Parashá mishpatim - Keter en el voto

BH

Escrito por el Rabino Meir Elkabas



Shekalim, la alegría y la precedencia sobre Hamán


La Parashat Mishpatim coincide este año con Shabat Shekalim —el Shabat previo a Rosh Jodesh de Adar— y marca el cierre del período de seis semanas de Shovevim. En apariencia, Mishpatim es una parashá de leyes estrictas: daños, responsabilidades, juramentos, disputas monetarias y consecuencias capitales. Se siente como una sala de juicio.

Se siente como una sala de juicio.

Sin embargo, este mismo Shabat introduce Shekalim, el medio shekel que cada judío entregaba para el Beit HaMikdash.

El Midrash sobre la Meguilat Ester revela una conexión profunda. Cuando Hamán propuso a Ajashverosh:

“Pesaré diez mil talentos de plata en el tesoro del rey”, una voz celestial respondió: “¡Malvado! Sus shekalim ya han precedido a tus shekalim.”

Rabi Natan de Breslev explica que las donaciones del medio shekel se utilizaban principalmente para sostener los korbanot diarios y la Ketoret. No eran simples gastos rituales — generaban alegría.

Como dice el versículo: “Shemen u’ketoret yesamach lev” — el aceite y el incienso alegran el corazón. Los korbanot expían y restauran, y la expiación misma es fuente de alegría.

Por lo tanto, la proclamación celestial significa que la plata de Hamán —destinada a comprar destrucción— jamás podría prevalecer sobre la alegría acumulada por generaciones de shekalim del pueblo de Israel. La alegría del Mikdash (el templo) es eterna. No puede ser borrada retroactivamente.

Este es el trasfondo de la Parashat Mishpatim. Por un lado, es una parashá de juicio. Por otro, se encuentra en el umbral de Adar, el mes de la alegría. Incluso las leyes de justicia están arraigadas en una corriente más profunda de simjá(alegría) y tikún(rectificación).

Esa alegría esencial precede y neutraliza las fuerzas de destrucción. Con esta base, nos dirigimos ahora a una sección legal específica que parece técnica, pero que encierra una profundidad espiritual impactante.


El Shomer Jinam y el pago doble


La Torá describe cuatro tipos de custodios(persona que recibe un objeto o bien ajeno con la responsabilidad de cuidarlo.)

Tipo Descripción
Shomer Jinam Quien cuida sin recibir pago.
Shomer Sajar Quien recibe pago por cuidar.
Shoel Quien toma prestado.
Sojer Quien alquila.

Nos enfocamos en el Shomer Jinam.

Si una persona entrega un objeto a un guardián gratuito y este afirma: “Fue robado”, la Torá le exige hacer una shvuá — un juramento — declarando que no utilizó el objeto ni hizo mal uso de él.

Si jura, queda exento de pagar. Sin embargo, si posteriormente aparecen testigos que declaran que efectivamente tomó o utilizó el objeto, la Torá le impone kefel — pago doble.

Si el objeto valía cien, deberá pagar doscientos. Pero aquí la halajá introduce un matiz sorprendente:

Si los testigos se presentan antes de que él haya hecho el juramento —es decir, mientras solo negó el reclamo en el tribunal pero aún no juró— no paga el doble.

Solo paga el capital original. la responsabilidad doble existe únicamente si juró falsamente y luego fue desmentido por testigos.

Esta distinción exige análisis. ¿Por qué el juramento es el factor decisivo? Si mintió, mintió. ¿Por qué la Torá agrava la consecuencia únicamente cuando se pronuncia una shvuá?


Rashi y el significado de “acercarse a Elohim”


Los versículos en Shemot (22:6–8) establecen que, si el ladrón no es hallado, “el dueño de la casa deberá acercarse a los Elohim”.


Rashi explica que esto significa que debe presentarse ante el Beit Din y realizar una shvuá, jurando que no “envió su mano” contra el objeto que le fue confiado.

La Guemará deriva que este “acercarse” se refiere específicamente a un juramento. Debido a una terminología similar que aparece más adelante respecto al Shomer Sajar, la Torá conecta el concepto de “enviar la mano” con la necesidad de una shvuá(juramento).

El resultado halájico es preciso: La negación por sí sola no genera kefel.(pago doble) Un juramento falso más la aparición de testigos sí genera kefel(pago doble).

Esta precisión no es incidental. La Torá es exacta en su lenguaje. La shvuá(juramento) transforma el estatus legal y espiritual del acto. ¿Por qué?


El peso espiritual de una shvuá

Un juramento no es simplemente palabras. Invoca el Nombre de HaShem. Introduce autoridad Divina dentro de la declaración.

Fonética En hebreo Significado
Neder נדר Voto: la persona se impone una prohibición u obligación.
Shvuá שבועה Juramento: una afirmación o negación.

Cuando una persona jura falsamente, no solo miente — conecta la mentira con el Nombre Divino. En términos halájicos, por eso la consecuencia se intensifica. Pero en el lenguaje de las enseñanzas de Rabi Najman de Breslev, está ocurriendo algo más profundo.

Una shvuá crea un Kéter. El Kéter representa el límite entre la limitación humana y la infinitud Divina. Cuando una persona hace un voto o un juramento, eleva su palabra a una dimensión de fuerza vinculante.

Crea una conexión entre el Kéter y sus palabras. Esa corona puede santificar o puede corromper. Si miente sin jurar, la mentira permanece dentro del plano humano de una disputa monetaria.

Pero cuando jura falsamente, “corona” la mentira con invocación Divina. Ese mal uso del Kéter exige una rectificación doble.

El kefel corresponde a esta duplicación espiritual. El acto ahora existe en dos dimensiones: el robo físico y el abuso del habla sagrada. La restitución debe reflejar ese daño dual.

Un voto es un acto de acercamiento. Quien jura se aproxima a la raíz Divina. Si se hace con verdad, es sagrado. Si se hace falsamente, es espiritualmente catastrófico.


La gravedad de una shvuá falsa

La distinción que hace la Torá ahora se vuelve más clara. Un juramento falso no es simplemente una mentira legal — es un ascenso espiritual mal utilizado.

Cuando una persona jura falsamente, invoca el Nombre de HaShem. Eleva su palabra más allá de una simple negación y la conecta con la raíz misma de la creación. Rabi Natan de Breslev explica que tanto un néder como una shvuá funcionan como actos de elevación. A través de ellos, la persona se eleva al nivel de Kéter — la corona, el punto inicial de la revelación Divina.

Kéter representa la raíz que está por encima de la Torá, el punto de origen de toda emanación. Jurar es ascender hacia ese origen y ligar allí las propias palabras.

Por eso es tan peligroso. La persona no está simplemente haciendo una declaración — está de pie ante la raíz de la existencia y proclamando algo como verdad.

Si esa declaración es falsa, el daño es inconmensurable. ¿Qué lleva a una persona a ese lugar? La envidia. La codicia. La insatisfacción. La disposición a sacrificar la verdad — e incluso la santidad Divina — por el deseo de posesión.

Si realmente fuera sameaj bejelkó, feliz con su porción, no habría necesidad de robo, ni de engaño, y ciertamente no de un juramento falso.


Shvuá: siete y once

La palabra (juramento-Shvuá- שבועה) contiene dos componentes: Sheva (siete- שבע) y Vav (seis)(ו) y Hei(cinco) (ה).

El siete corresponde a las Sheva Jojmot — las siete ramas de la sabiduría mundana. Estas facultades intelectuales pueden utilizarse en santidad o en distorsión.

Cuando se usan para el ego, el placer o la manipulación, se convierten en herramientas de corrupción espiritual. Cuando se purifican, se transforman en canales de sabiduría Divina.

La combinación Vav-Heh equivale a once. Once corresponde a los once ingredientes de la Ketoret.

En Likutei Moharán, lección 24, Rabi Najman de Breslev enseña que el Ketoret posee el poder de someter las fuerzas de impureza y extraer aquello que legítimamente le pertenece a la persona.

¿Cómo? A través de la simjá.

“Shemen u’ketoret yesamach lev” — el incienso alegra el corazón. Y la alegría desmantela el dominio del mal.

Quien codicia las posesiones de otro revela una falla en esta área. le falta simjá.

Si estuviera verdaderamente alegre e íntegro por dentro, no desearía lo que pertenece a otro. Su disposición a jurar falsamente indica una profunda carencia interior de alegría.

La shvuá falsa, entonces, refleja ambas distorsiones: una corrupción de las siete sabidurías y una mancha en los once del Ketoret — la ausencia de simjá.


El ascenso al Kéter y la sanción del kefel

¿Por qué la Torá impone kefel —pago doble— únicamente después de un juramento falso? Porque el juramento mismo genera un ascenso.

Cuando la persona jura, simbólicamente eleva el objeto hacia el Kéter. Desde Maljut hasta Kéter hay diez sefirot. El ascenso atraviesa diez niveles.

Cuando es descubierto, el descenso de regreso refleja ese mismo movimiento. Diez hacia arriba y diez hacia abajo — veinte en total.

Esta es la raíz interior del kefel. Incluso la palabra kefel comienza con la letra Kaf(כ), que corresponde a Kéter.( כֶּתֶר) En el lenguaje cabalístico, la primera letra de una palabra encarna su esencia.

Kefel refleja el mal uso del Kéter. La duplicación rectifica el ascenso indebido. Esto también explica la necesidad de dos testigos.

Un testigo —ed(עֵד)— puede leerse como ud,( עַד) “hasta”, (la similitud es en hebreo) insinuando un ascenso. El primer testimonio establece la exposición hacia arriba; el segundo completa el descenso. Juntos corresponden al movimiento de subida y bajada de la shvuá(juramento) falsa. Así, la halajá no es arbitraria. Refleja la mecánica espiritual del acto.


V’Nikrav el ha’Elohim” — Acercarse a lo Divino

El lenguaje de la Torá es preciso: “V’nikrav ba’al habayit el ha’Elohim” — el dueño de la casa se acercará a los Elohim.

¿Por qué no decir simplemente que debe jurar? Porque la Torá está revelando algo más profundo. Una shvuá es un acto de kirvá, de acercamiento.

Quien jura se aproxima a la raíz Divina. Si se hace con verdad, es sagrado. Si se hace falsamente, es espiritualmente catastrófico. Por eso la consecuencia es severa. El juramento no es una formalidad procesal — es una cercanía espiritual al Kéter.

Mal utilizar esa cercanía es ponerse en grave peligro. Por eso la Torá estructura la ley con tanto cuidado. La mera negación permanece en el plano humano. El falso ascenso al Kéter activa la necesidad de una rectificación doble.


La raíz: la codicia y la ausencia de simjá

En el núcleo de la falla del Shomer Jinam(quien cuida sin recibir pago.) se encuentra la codicia. Ve lo que pertenece a otro y no logra permanecer satisfecho. Esa carencia interior lo empuja hacia el robo y, finalmente, hacia un juramento falso. ¿Pero por qué no está satisfecho?

Porque no reconoce lo que ya posee. Cada judío se despierta por la mañana y puede decir Modeh Ani. Puede lavar sus manos en pureza, ponerse los tefilín, cuidar el Shabat, recitar berajot. Cada mitzvá es una ganancia eterna. Nada de lo que se hace en santidad se borra jamás.

Si una persona interiorizara esta verdad, se sentiría inmensamente rica. Cuando alguien no valora su propia porción, se vuelve vulnerable a la envidia. La envidia conduce a la distorsión. La distorsión conduce a la profanación del habla. Y la profanación del habla conduce al kefel. Toda la cadena comienza con una falta de simjá.

Mishpatim y la alegría de Adar

Comenzamos con Shekalim y la voz celestial que proclamó que los shekalim del pueblo judío precedieron a la plata de Hamán. El medio shekel financiaba la Ketoret — la fuente de simjá que endulza el juicio. Ahora vemos que incluso en las leyes monetarias, la Torá nos guía sutilmente de regreso a esa misma raíz.

La verdadera justicia restablece el equilibrio. La simjá protege del colapso espiritual. El Kéter puede elevar o destruir, según cómo se lo aborde. La enseñanza es clara. Sé feliz con tu porción. No codicies. Cuida tu palabra.

Reconoce el valor eterno de tus mitzvot. Cuando sabes que HaShem te valora a ti y a tu avodá, ya no necesitas lo que pertenece a otro. La simjá protege del pecado. La simjá endulza el juicio. La simjá precede a Hamán. Que tengamos el mérito de internalizar este mensaje, de cuidar nuestras palabras y de servir a HaShem con alegría e integridad.